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Se llamaba Ángeles aunque todo el mundo la llamaba abuela. Abuela puede
ser una palabra con mala leche en el mundo del rock donde la juventud
parece ser un valor, algún día aprenderemos que la edad no importa, que
la juventud se lleva en el corazón pero este no era el caso. Eso lo
descubrió Ángeles que, en los conciertos de los ochenta, era recibida
con gritos de ¡¡abuela!! ¡¡abuela!! debido a su edad cronológica y que,
en cada concierto, demostraba que era de las más jóvenes. Tenía una
sonrisa encantadora y hacía los cuernos como nadie. La chupa de cuero la
sentaba como un guante y cuando alguien decía la palabra abuela dirigida
a ella SIEMPRE era con respeto, con admiración y, por encima de eso, con
cariño. A la abuela se la quería con locura, ella nos cuidaba y nos
devolvía ese cariño, en los ochenta los heavys éramos más chulos que
nadie, todos tenían dos abuelas, nosotros TRES.
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Un
día el destino, dios o quien rija nuestras vidas decidió quitarla el
plural de su nombre, ella dejo de ser Ángeles para pasar a ser ángel, un
ángel de cuero en el cielo, un ángel que hace los cuernos como nadie, un
ángel que, nada más llegar al cielo rompió el arpa y buscó una guitarra
eléctrica, un ángel que en la tierra siempre fue joven porque descubrió
la fórmula de la eterna juventud: EL PUTO ROCK & ROLL.
Dice Mario Scasso (quien fuese el impulsor del homenaje que se la hizo
en la sala Canciller) que en sus últimos días en el hospital ella tenía
una obsesión: “los pobres niños de Sarajevo” repetía sin cesar (en
aquella época la guerra de los Balcanes nos hacía recordar cada día que
el infierno no es donde los “malos” van al morir, que va, el infierno es
la tierra “Hell on Earth” que cantaban Fuck Off) por eso Mario, cuando
decidió hacerla el homenaje, lo tuvo claro, con lo que se sacase se la
haría un busto en el bulevar de Vallecas, a la sazón el barrio más heavy
de Madrid, ¿Dónde iba a estar mejor? Y el dinero que sobrase se lo
mandarían a los niños de Sarajevo. Y se puso manos a la obra.
Fue el viernes 25 de Mayo de 1994 en la mítica sala Canciller, bueno,
para ser exactos en la sala Canciller, la mítica sala Canciller ya se
había cerrado y ésta era la “segunda” Canciller en el barrio San Blas,
eran los últimos coletazos del movimiento heavy ochenteno tal y como lo
conocimos los que lo amamos y, ahora que lo pienso, quizás al quedarnos
huérfanos de Abuela, nos quedamos huérfanos de ideas, huérfanos de
motivos, que un hombre sin corazón no es nada, y a nuestro movimiento,
en esos años, se le había endurecido el corazón. Con la abuela se fueron
muchas cosas, ya no volvimos a ser lo que fuimos, ni siquiera su busto
aguanta con los cuernos intactos en el bulevar de Vallecas, siempre se
los acaban rompiendo los que no son capaces de entender lo que esos
cuernos significan y lo que es peor, no somos capaces de hacerlo
entender, permanecemos impasibles ante ello y ahí está la abuela, en el
bulevar, con su gorra de cuero pero sin sus cuernos, ¿sabéis que? Muchas
veces me han preguntado ¿Cuándo volverá a ser el heavy igual que en los
ochenta? Pues me acaba de venir la respuesta: ¡CUANDO LA ABUELA LUZCA
SUS CUERNOS EN EL BULEVAR!! Será la señal de que hemos vuelto a tomar lo
que fue nuestro: La calle.
Volviendo a esa noche, recuerdo perfectamente la emoción de los Lujuria
cuando íbamos camino de Madrid a pisar la moqueta del escenario de
Canciller y a rendir homenaje a la abuela, creo que es el concierto más
importante que hemos hecho, al menos, cada vez que lo recuerdo me baila
el corazón. Al llegar al Canci los aledaños ya eran una fiesta, enfrente
del Canci había un super que, en los días de concierto, quitaba muchos
de sus productos y los sustituía por litronas, en aquellos años no
existía la palabra “botellón” nos “hacíamos unas litronas” y a nadie
parecía molestar. Los distintos grupos de heavys que llegaban de todas
partes (la boca del metro San Blas esas noches vomitaba cuero)
intercambiaban sus litros como los indios pasan la pipa de la paz, los
litros servían para irse conociendo entre ellos, eran la carta de
presentación, el regalo al desconocido, la manera de relacionarse, los
litros eran mucho más que cerveza, eran el néctar de los dioses que
corrían por las gargantas de todos esos “luchadores de la paz” que
éramos los heavys ochentenos.
Nosotros nos dirigimos hacia “La tienda” (para que complicarse con
nombres, así la llamábamos todos) a pillar unos litrillos que nos
sirviesen para, una vez más, mezclarnos con nuestra gente, nuestro papel
en el homenaje, según nos dijo Mario, era representar a “las provincias”
ya que la abuela no era sólo abuela e los heavys madrileños, era la
abuela de todos los heavys de la zona centro que íbamos a cada “ritual”
que era entonces un concierto. Y allí estábamos, en la puerta de “la
tienda” con un buen montón de peña comprobando que eso de “las
provincias” era un poco tontería, que allí éramos todos del mismo sitio,
de ese país que no tiene banderas ni ejército, de ese sitio donde no hay
un himno, hay miles y todos ellos tocados con guitarra eléctrica, de ese
sitio que si tuviésemos escudo no llevaría el lema “una grande y libre”
(lema que siempre dijimos que era más adecuado para una polla que para
un país) llevaría con orgullo el lema “Sexo drogas y rock’n’roll”
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Entramos a la sala y nos encontramos los camerinos y en ellos un fiesta
por todo lo alto con un José Carlos Molina pletórico que derrochaba
simpatía, nos topamos con uno de nuestros ídolos de entonces al que no
conocíamos, Miguel Oñate que andaba por ahí y nos saluda amablemente,
vemos a los Sobredosis que ya se habían separado y que se juntaron para
la ocasión, nos hicimos colegas de una banda que, después nunca más
supimos de ellos Alma Cheyenne y mira que eran buenos, en fin, ya
sabéis, eran los años duros. Por allí andaban The Natal Pride otra banda
madrileña que tampoco tiró mucho más pero que no lo hacían nada mal y
también los Mago. Mago se incorporaron al homenaje casi a última hora y
por eso no figuran en las entradas pero ahí estuvieron, rindiendo
homenaje a la Abuela, como todos los demás, llenos de orgullo y emoción.
Recuerdo al pobre Kakutami (el guitarrista de Ñu en esa época) tratando
de explicar a Gallardo la pronunciación de su nombre, al final pagó la
osadía, Gallardo soltó “nada nada, “Matutano” y desde ese día fue
Matutano en el mundo del rock, por cierto ¿qué será de él? ¡¡Era
buenísimo!!
La noche empezó con una grabación de la voz de la abuela que dejó en
silencio al Canci, fue muy emotivo y, desde detrás del escenario, vi más
de una lágrima, esas lágrimas que son diamantes en los rostros de un
heavy porque cuando un heavy llora sus lágrimas cortan la piel, cuando
un heavy llora, llora desde el corazón y siempre he pensado que algún
día esas lágrimas serán rojas por nacer donde nacen. Mario, que
presentaba el evento, leyó unas palabras preciosas que cambiaron las
lágrimas por sonrisas y, como si un rayo de sol atravesase esas lágrimas
se proyectó un arco iris en cada corazón de aquellos tipos duros que en
el fondo gastan un alma que para sí lo quisieran muchos, estábamos allí
para homenajear a nuestra abuela y ella nos quería ver sonreír así que
mirando al cielo lanzamos nuestra mejor sonrisa dedicada a, ya no era
Ángeles era Ángel, a ese Ángel que fue para nosotros la Abuela.
Mario lanzó su ya famoso “y desde las provincias… LUJURIA” y LUJURIA se
dejó en la moqueta del Canci el alma porque tocaba para su abuela, y los
rockeros sacaron los cuernos y la noche se llenó de rock.
Una a una fueron descargando las bandas su homenaje, sobraban ya las
palabras estaban hablando las guitarras, la abuela tuvo su homenaje y,
si alguien hubiese podido subir al cielo en ese momento hubiese visto a
Dios moviendo la melena y haciendo los cuernos junto a un ángel joven,
bello y rockero.
Va por ti, Ángeles, uno de tus muchos nietos que nunca te olvidará.
Articulo :Oscar
"Lujuria" Sancho.
Raza - Homenaje de la
Abuela.mp3
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