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30 Aniversario del Rock Andaluz
Sevilla 20 Septiembre 2008 |
Auditorio
Rocío Jurado, 23 horas, allí nos congregamos unas cuatro mil personas
para celebrar el cumpleaños de lo que muchos denominan “Rock Andaluz”.
En 1971 Smash incorpora a su formación a Manuel Molina, un gitano con
mucho arte, y a Gualberto, uno de los mejores guitarristas en lo que a
fusión se refiere de nuestro país, acompañados por Julio Matito, Henrik
y Antonio. Eso podría ser lo que los entendidos llaman el primer disco
de Rock Andaluz. Pero según Luis M. Rodríguez (Lucky), no sería hasta el
tercer disco de un grupo sevillano llamado Triana, el “Sombra y Luz”,
cuando tuvo lugar la eclosión de todo este movimiento que, como vimos en
este 30 aniversario, está aún vivo en la memoria de muchos de nosotros,
y sobre todo en grupos que aún mantiene una magia especial.
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La noche se presentaba magnífica, nada más entrar se podía ver un
auditorio enorme con un escenario que no escatimaba en montaje, una
serie interminable de focos, unas pantallas gigantes a ambos lados del
escenario, y un sonido impecable, todo una maravilla.
La primera actuación fue de Lole Montoya (famosa integrante del duo
Lole y Manuel), que bien no pertenecía al movimiento como tal, pero que
ha influenciado bastante en todo él.
Su flamenco se desarrolló sobre las tablas de una manera ortodoxa,
acompañada sobre sillas y en la parte delantera del escenario, por una
serie de músicos que daban un toque sugerente a toda la actuación.
Un público entendido y receptivo respondía a cada envite de la
cantaora, por bulerías y por muchos estilos más, tocando todos los palos
que posee en su repertorio, no dando tiempo para mucho, porque cada
actuación era de 30 minutos y se cumplió con una exactitud milimétrica.
Con una voz personal terminó Lole Montoya de dar su recital y dio
paso al siguiente grupo de la noche, CAI.
CAI sacó en 1978 (Bendito año) uno de los mejores discos del Rock
Andaluz, “Más allá de nuestras mentes diminutas”, y sonó, vamos que si
sonó, una magnífica interpretación y unos destellos de sonido que los
que admiramos ese tipo de música nos gusta tanto, partes instrumentales
progresivas, elaboradas y montadas en una línea melódica increíblemente
cambiante, que te hace sentirte como si estuvieras en una montaña rusa,
estábamos encantados. El jazz estaba presente, lo andaluz, y partes de
rock sinfónico eran los ingredientes de este grupo gaditano. Todo arte
sobre el escenario.
El final de la actuación de CAI dio paso al grupo de uno de los
personajes más pintorescos del movimiento, Manglis con su grupo
Guadalquivir. Un guitarrista todo-terreno que nos puso la piel de
gallina, con largos pasajes de guitarra mezclado con el mestizaje
oriental, occidental y por supuesto el flamenco de su tierra.
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Guadalquivir vio la luz ese mismo año, 1978 ante 7 mil personas, un
poco menos, 30 años después, todo volvió a ocurrir, pero en vez de la
famosa “Noche Roja” en Móstoles, fue en su tierra Sevilla. Y unos
cuantos miles fuimos los afortunados.
Guadalquivir, con sus ropajes hindúes, su músico Indio (de la
India) tocando un instrumento tradicional, uno de los músicos tocando un
instrumento de viento parecido (seguro que lo era) a un clarinete, su
música nítida y compenetrada, el bagaje demostrado de muchos años de
experiencia sobre el escenario, y tanto y tantos detalles que nos
convencieron de que en este momento aun sigue habiendo mucho
Guadalquivir en los escenarios.
Tabletom cumple más de 30 años, desde que se formara en el año 76,
cuando los hermanos Ramírez, junto con Roberto González, empezaron su
andadura sobre este viaje que es la música.
Parece curioso que ese aire fresco que tiene el grupo contraste con
su longevidad, tanto es así que me atrevería a decir que fue el grupo
que más contactó con el público, habiendo una cantidad importante de
personas animando, saltando y sobre todo bailando al son de una música
muy personal. Con un cantante fuera de todo convencionalismos y una
instrumentación cuidada y rica en variedad de sonidos, lo que se puede
decir una autentica fiesta de colorido y baile. También es cierto que el
estilo de los grupos anteriores no se prestaba tanto a esa espontaneidad
que Tabletom ofreció a todos los allí congregados.
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Imán Califato independiente pertenece a esa hornada de 1978 que con
su primer álbum con título homónimo, y su entrada al disco con 20
minutos de canción “Tarantos del califato” sorprendieron a todos y
marcaron estilo.
Evidentemente no tocaron esa canción entera (ya con ella hubieran
casi excedido todo su tiempo), pero si nos dejaron canciones próximas al
rock Sinfónico, mezcladas con Jazz y fusión, que nos llevaron a lugares
lejanos en el tiempo y exóticos, al menos eso es lo que a mi me evocaba.
Ese toque aflamencado en las escalas de los solos saltarines que
realizaron en sus canciones dan a Iman un carácter importante, un rasgo
diferencial que pudiéramos distinguir con los ojos cerrados y con los
oídos bien abiertos.
A poco supo toda su actuación, pero lo que vendría más adelante nos
haría sentirnos reconfortados.
Y así llegamos al plato fuerte de la noche, Alameda, la banda de
Pepe Roca y los hermanos Marinelli, saltó al escenario dispuestos a
mostrarnos una pizca de lo nuevo que se está gestando dentro de la
banda, con una canción que si mi memoria no me falla se llama “Calle
Arriba”. Y por otro lado nos mostraron clásicos básicos de su
discografía, pero lavados de cara como en estos últimos años vienen
haciendo.
El mejor sonido de la noche estaba acompañando a Alameda, y la pulcritud
hacía que cada detalle se pudiera apreciar, cosa fundamental en este
tipo de música, donde cada pequeño sonido da carácter a cada canción,
como si de un buen vino añejo se tratara.
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El plato fuerte surgió en el momento en el que Eduardo Rodríguez,
único componente vivo de la mítica banda sevillana TRIANA, salió al
escenario, para interpretar, esta vez con su voz en lugar de con su
guitarra flamenca, como él siempre ha hecho, un tema del grupo querido
por todos TRIANA, “Tu frialdad”.
Tras una breve nota que leyó al público, Eduardo, q fue presentado
por Pepe roca con una verdadera admiración hacia su persona, dio las
gracias a todos, pero muy especialmente a los que ya no están, poniendo
énfasis a “Su Jesús de la Rosa”, que seguramente estaría ahí subido en
el escenario cantando con él.
http://es.youtube.com/watch?v=aHLcUrKS8_8
Acompañado por la banda de Alameda, los minutos que siguieron a
esas primeras notas de la canción, fue algo que con palabras jamás
lograré explicar. La llama de la famosa vela se encendió en nuestros
corazones, y emocionados asistimos a una experiencia sublime y
melancólica, donde los protagonistas éramos todos al unísono.
Eduardo mantuvo el tipo a la voz, a pesar de estar tanto tiempo
inactivo, y pepe demostró una vez más la enorme caballerosidad que
posee, un momento para no olvidar.
Ya superado toda la adrenalina que inundaba nuestro cuerpo, saltó
al escenario Pata Negra, grupo liderado por Rafael Amador, esta vez no
acompañado de su hermano y gran guitarrista y compositor, Raimundo
Amador. Aunque este no fue motivo para no dar un buen concierto, ese
estilo libre que tanto caracteriza a Pata Negra se hizo palpable ante
nuestra atención. Con guitarra española, sentado, y acompañado por unos
grandes músicos, en su apenas media hora de concierto, nos ofreció sus
mejores canciones interpretadas al más puro modo Pata Negra, con
sentimiento, ritmo, marcha y mucho arte.
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La gente ya empezaba a notar el cansancio, pero pocos fueron los que
desistieron y se fueron para sus casas, y eso que ya era bien avanzada
la noche, así, de esa forma, empezó su concierto el último grupo de la
noche, Smash, el último en actuar y paradójicamente el primero en
aparecer como ya hemos dicho en este movimiento.
Sin duda una gran actuación, a nivel interpretativo impecable, a
nivel sonoro, podríamos decir que rozamos ese sonido añejo que se
obtiene al poner un Vinilo de hace 30 años, un efecto que a mi
particularmente me gustó mucho. Gualberto García es en mi opinión uno de
los mejores músicos que tiene nuestro país, curtido en mil batallas
desde hace más de 40 años, hizo sonar a un grupo, que a nivel
“underground” se puede considerar de culto, no sé si muchos de los que
estaban allí ya cansados eran conscientes de lo que estaba en ese
momento ocurriendo, pero desde luego, de lo que no cabe la menor duda,
es que fue el broche final o la guinda del pastel a una noche
inolvidable y genial, que Nuestrorock80 no quería perderse por nada del
mundo, y que gracias a iniciativas como estas vuelven a vivirse sobre un
escenario.
Deseamos de todo corazón que los grupos que actualmente siguen esta
tendencia tengan la oportunidad de darse a conocer y sean tan bien
recibidos al menos, como lo fueron ellos en su día.
Un saludo.
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Manu "Obiwan1979" para
nuestrorock80.com obiwan1979@nuestrorock80.com |
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